Mi compañero de entreno: “el viejillo”.

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Y para nada es algo peyorativo lo de viejillo. Es muy canario referirse a esas personas que ya pasados los setenta años irradian una energía que hace que los veas como alguien cercano, como de la familia. En su rostro suelen reflejar un serenidad del que ha pasado por todo y ha visto de casi todo, comprende que muchas cosas no las va a entender y lo asume, ya no tiene edad, tiempo,ni ganas para buscar el porqué de las cosas que pasan. “Vive y deja vivir” suele ser su lema.

Soy una persona tímida, pero mis padres me enseñaron que hay que ser educado y cuando te saludan debes de devolver el saludo. Así empezó todo con el viejillo…

Es curioso, a veces establecemos vínculos con otras personas sin ser conscientes de ello, hasta que un día ocurre algo que te hace pensar sobre el tema.

El viejillo probablemente esté más cercano a los 80 que a los 70, suele ir con una gorra de las de antes, bien abrigado, las mañanas de La Laguna no son aptas para todo el mundo, y se acompaña de un bastón. Pelo cano y cara colorada, también tiene su buena barriga, quizás la causa de que vaya a hacer ejercicio al camino de las peras todos los días que puede.

Su rutina es siempre la misma: hace varios largos caminando por la acera y luego, apoyado en algún poste, estira un poco, probablemente para sobrellevar la molestia que le obliga a acompañarse de su punto de apoyo de madera. Se ejercita sin prisa y sin apenas pausa, ya que en ocasiones, algunos corredores que lo conocen se acercan a él y lo saludan, intercambiando algunas palabras, y luego cada uno a lo suyo. Suele ir sobre las 8:00 y los fines de semana se da un salto al mercado, como me dijo un día,” a comprar algo de fruta y verdura”.

Hace un par de años, mientras yo volvía corriendo del cruce de las canteras me lo encontré, y con esa naturalidad y sencillez que comentaba al principio, me saludó con un “Buenos días!” y yo le hice un gesto con la mano y me quedé pensando que me había confundido con otro. Estaba equivocado, a partir de ese día cada vez que nos cruzábamos intercambiamos saludos, y algún comentario sobre el tiempo o si estaba empezando con el entreno. A veces, me animaba con un simple “Vamos!!!” cuando me veía que ese día corría un poco más ligero de lo habitual y parece una bobería, pero ayudaba a seguir apretando hasta el final de la serie.

Desde las navidades pasadas no he vuelto a coincidir con el viejillo. Y ahora que estoy volviendo a frecuentar las peras por las mañanas me he acordado de él y sólo espero que se encuentre bien y siga entrenando.

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