Todos somos algo tóxicos.

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Esta es a la conclusión que he llegado después de leer el libro de Bernardo StamateasGente tóxica“.

Cada vez es más frecuente el uso del término tóxico: gente tóxica, relaciones tóxicas, trabajos tóxicos,etc. ;y es que, como ya he dicho en otras ocasiones, cuando en psicología aparece una nueva “etiqueta” parece que todo es susceptible de llevarla.

Centrándonos en las personas de las que habla el libro, éstas siempre han existido lo que pasa es que las hemos llamado de otra forma: malas personas, gente con malas vibraciones, personas problemáticas,etc. Probablemente conoces a más de uno/a a la que se le puede aplicar estos términos, aunque creo que si nos paramos a pensar, todos en algún momento somos tóxicos para alguien…

Que el libro de Stamateas se haya convertido en un bestseller indica lo que nos preocupa el tema, de hecho sólo con poner el término tal cual en el buscador Google encontramos cientos de miles de referencias. En cierto modo es lógico, ya que la mayoría de las personas deseamos lograr un estado de bienestar físico y mental, cualquier cosa que pueda dificultar ese deseo nos preocupa y hace que nos interesemos por ello, más si cabe cuando afecta a algo que forma parte de nuestra condición de humanos, como decía Aritóteles: “El hombre es una animal social”.

Leyendo sobre todo este tema me resultó interesante que algunos autores y especialistas dieran una serie de pautas para identificar a personas tóxicas en nuestro entorno, es más, se llega a identificar una serie de perfiles de personalidad asociados.

Una cosa que he aprendido en estos años de formación en psicología es que las máximas, en lo que se refiera a las conductas o pensamientos de las personas, son difíciles de establecer, que en ocasiones 2+2 no es igual a 4. Quién , en algún momento de su vida, no ha sido meteculpas, envidioso, descalificador, agresivo verbalmente, falso, etc. con los demás?. Estos términos y unos pocos más son usados para identificar a personas tóxicas.

thumb_COLOURBOX6978053Hay sustancias tóxicas que nuestro cuerpo en determinadas cantidades es capaz de asimilar, pero si se pasan esas cantidades  salta la alarma y el organismo nos avisa reaccionando de diferentes maneras: dolores, nauseas, erupciones cutáneas, etc. Teniendo en cuenta esto, podríamos decir que tener envidia, descalificar a alguien, propagar un chisme o actuar de forma falsa,etc. son conductas que se pueden sobrellevar independientemente de que seamos emisores o receptores de ellas, el problema surge cuando la toxicidad se convierte en un rasgo más de nuestro yo.

No obstante, no se puede reducir todo a una cuestión de cantidad o intensidad, también los aspectos cualitativos influyen,es decir, puede pasar que se descalifique a una persona sólo una vez  pero de tal manera que la “intoxicación” le dure para toda la vida. Además, no todos tenemos la misma capacidad para hacer frente a lo que nos agrede, por ejemplo, hay personas permeables cuando les insultan gravemente y otras que reaccionan a lo más mínimo.

Vivimos rodeados de “tóxicos” de todo tipo, nuestra capacidad de adaptación se hace fundamental.

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